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No hace mucho, contemplé, como otros muchos ciudadanos pudieron hacer, la grabación de una intervención que en aquel momento, erizaron mi piel y ahora, con sólo recordarla, siento una rabia infinita. Se trataba de cómo, no sé si era una tocóloga ó una matrona, provocaba el aborto de una joven. Créanme, fue espeluznante. Aquella mujer, metía su mano, una y otra vez, en la vagina de la joven e iba sacando y sacando, hasta que en sus manos, apareció una criaturita muy pequeña, pero completa como un bebé real. Sus piernecitas, sus bracitos, su carita… ¿Eso no es una criatura? ¿No es un ser vivo al que le cortaron su vida…? Fue espeluznante contemplar aquella escena. Y ahora, recientemente, se ha cumplido el primer mes de la nueva Ley del Aborto. Aborto sin trabas, sin contemplaciones, sin escrúpulos… Vamos, aborto para niñas. Y eso es brutal con la vida humana y violenta con las mujeres. Y así es la nueva Ley del Aborto en España, un monumento legislativo a la mentira y a la crueldad. Y me pregunto, cuando después de las voces, en repetidas ocasiones, saliendo a la calle, de millones de españoles pidiendo la derogación de esta Ley y, al fin, la abolición del aborto en España, puede un Gobierno taparse los oídos para no escuchar a los que piden justicia en el Derecho a la Vida, convencidos de que el aborto es una lacra indigna de una sociedad civilizada, como lo fueron la esclavitud o el holocausto…? ¿Es que esas voces de millones de españoles no significan nada en un País Democrático…? ¿O acaso estamos soportando una dictadura disfrazada y camuflada, que puede hacer a su antojo y no tiene en cuenta la voz, siempre sabia del pueblo…? Un Gobierno que permite abortar a niñas, sí he dicho N I Ñ A S, con sólo 16 años, que no necesitan ni el permiso siquiera de sus padres y sin la madurez que aún les falta, deciden por sí mismas, con el agravante de que si poseen el Carnet Joven del Partido, tendrán un 20% de descuento por deshacerse de su criatura. Se está defendiendo la Fiesta de los Toros, para que el animal no sufra, con todos mis respetos, pues precisamente por ello, no soy taurina y además, en cierto pueblo donde en sus fiestas, se tenía la ancestral costumbre de lanzar desde el campanario de la Iglesia, una pava que volaba y volaba, hasta que el más diestro la cogiese, con la obligación de cuidarla y en la infantil creencia de que le daría suerte…. Vamos, señores, ¿es que es más valioso el salvar a uno de estos animales y conste que pertenezco al grupo que protege a los animales, es más valioso, repito que una vida humana…? ¿Qué aquel niñito, ya completo, que ví extraer y cuya imagen daña mi recuerdo…? Y aún más, porque los médicos que bien por su calidad humana o por su formación religiosa, no quieran practicar esta barbaridad, no podrán negarse. Vamos, ya es el colmo y teniendo en cuenta que estos médicos, al graduarse, tuvieron que hacer el Juramento Hipocrático, llamado así, en recuerdo de Hipócrates, llamado padre de la medicina, que vivió del año 460 al 357 antes de Cristo y se le consideró como la máxima autoridad durante siglos, a través de la Edad Medía y en el propio Renacimiento, dejando bien claro que la medicina es siempre para curar y jamás para matar, por mucho que la Ministra Aído, haya luchado para echar por la borda este Juramento, del que incluso puede ser que no tenga ni idea. Próximamente, el Tribunal Constitucional tendrá la última palabra sobre esta abominable Ley. Y sería terrible que un Juez entendiese la justicia, según su afección política, sin la más mínima referencia a unos criterios éticos y morales, sin reflexionar en que ser Juez, es ser justo. Si estos jueces del Tribunal Constitucional se creen que son la última palabra, por coherencia con un Gobierno sin escrúpulos, les aseguro que pecarían de grave ignorancia. Desde aquí, alzo una vez más mi voz, para defender la VIDA.
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Aún no he podido retirar de mis retinas, las imágenes, donde la Ministra Aído, abrazaba a otras Ministras, porque el Parlamento acababa de aprobar la Ley del Aborto, desoyendo la voz del pueblo, que demostraban el rechazo hacia la nueva Ley del Gobierno, a pesar de que se acababan de entregar las 1.065.000 firmas recogidas, en contra de esta Ley. Los vicepresidentes del Congreso, Ana Pastor y Jorge Fernández, ambos del PP, se reunieron con los representantes de las plataformas, a los que, sin embargo, evitó el presidente del Congreso, José Bono. En ésto, se me viene a la memoria una frase de un amigo y compañero de Radio, que hace muchas alusiones a “la doble moral”, pues el Sr. Bono, ha demostrado que es uno de los que la practican, para vergüenza suya y para los que, en un día, confiamos en él… ¡Dios mío, cómo te cambia el poder…! Y lo que más me duele, es que esta Ley, se haya aprobado, precisamente, en plena Cuaresma, cuando los cristianos nos preparamos para celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Cuando más nos duele el sufrimiento de un inocente, condenado a muerte de Cruz. Hoy, Jueves Santo, cuando nos encontramos en el ecuador de esta Semana Santa, en la que reflexionamos de una manera especial, sobre el sufrimiento por las vejaciones y el dolor de Cristo, quiero hacer una similitud con el padecimiento de Cristo y la de esos niños inocentes, a los que se les roba la oportunidad del mejor regalo de Dios, como es la Vida. La primera persecución de Cristo, tuvo lugar en el Monte de los Olivos, donde se retiró a orar… La primera persecución de estos niños, tiene lugar en la decisión de que un niño no debe de nacer. Jesús es traicionado por un amigo de confianza, Judas. La traición de estos niños, llega de sus propias madres, que los llevan en su seno y eso es mucho más que un amigo de confianza… Es ¡su madre…! Jesús es condenado en el Sanedrín… En todo lugar ha habido personas que han luchado por la libertad, la igualdad o la justicia, sin embargo en la Defensa de la Vida, estos valores, brillan por su ausencia. Estos niños, son condenados a muerte en una consulta, fría, por un médico sin escrúpulos, que ignora lo que es el amor. Jesús fue renegado por Pedro, que afirmaba ser fuerte, pero que en el momento menos oportuno, se derrumbó. Ya sabemos que la debilidad humana nos coge por sorpresa, pues dentro de cada uno de nosotros, existe un yo rebelde, aunque no reconozcamos o no queremos reconocer esta incoherencia humana… Jesús es juzgado por Pilato que, como a los políticos, lo que menos le importaba era una justa cuestión, sino sus intereses personales. Y hoy día, no se toman decisiones sobre la base de principios de integridad, sino de consideraciones oportunistas y, al no elegir por opciones moralmente responsables, como es la vida, se machacan los intereses morales de lo que ya es una persona humana y de la familia. Jesús, objeto de desprecio, es llevado para ser crucificado. En la vida pública actual, todo corre el riesgo de ser desacralizado y nuestra vida social está por encima, incluso de la vida. Y ese inocente que crece en el seno de una mujer, que no merece el nombre de madre, es despreciado por ella misma. En el camino hacia Cruz, Jesús es ayudado por el Cirineo. El inocente que está pidiendo vivir, no encuentra ayuda alguna, sin embargo, en Simón, el Cirineo, descubrimos la sacralizad de lo ordinario y la grandeza de lo que parece pequeño. Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén y actualmente, en estos casos de Defensa de la Vida, y mientras estas mujeres lloraban, la mujer de hoy, demuestran poca estima por ellas mismas y con estas perspectivas, las sociedades no logran alcanzar su auténtica dignidad, ignorando y despreciando su responsabilidad hacia las nuevas generaciones de su propia sangre, ayudando a que el futuro de la sociedad sea incierto. Jesús es crucificado y estos inocentes, cuyos latidos son tan perceptibles como campanas del más alto campanario, se sienten abandonados… Sus gritos no son escuchados. Los de Jesús, sí que son escuchados por su Madre que permanece al pie de la Cruz… ¡Cuánto hubiese dado María por evitar el sufrimiento de su Hijo, sin embargo, la madre que no quiere que su hijo tenga la oportunidad, como ella, de vivir, de respirar, de ser feliz, se somete en una fría consulta, ausente de sentimientos, a las más atroces prácticas para que ese hijo que lleva en su entraña, quede roto, destrozado, sin vida, mientras esa mujer demuestra de hecho, un momento de triunfo. El cuerpo de Jesús, es bajado de la Cruz, con todo amor, intentando que nada roce su piel, ya insensible por la muerte y, amorosamente, es puesto en un sepulcro de blancas paredes, mientras que los abortados por sus madres, no encuentran ni sepulcro, sino trituradoras que no dejan rastro de una vida humana que se forjaba. ¡Qué duro, Señor…! ¡Qué duro…! Durante estos siete días de Semana Santa, el gentío en las calles, para ver pasar el cuerpo maltrecho del Maestro, ha sido inmenso, pero… ¿cuántos de ellos han tenido las agallas suficientes para enfrentarse a un Parlamento para decir SI A LA VIDA…. No quiero obviar un hecho histórico. Pues cuando Bélgica dijo sí al aborto, el Rey Balduíno, abdicó por un día del trono, porque su moral no le permitía firmar y aceptar esta ignominia. Este gesto fue suficiente para demostrar sus valores y reconocer la dignidad de la vida humana… No ha sido el caso de España, tal vez porque se anteponen los intereses políticos, como dije anteriormente. Afortunadamente, Cristo, resucitó el Domingo, porque era el Hijo de Dios y había cumplido su misión salvadora. Pero millones de inocentes, quedarán en el olvido de unas madres que, en algunos momentos de sus vidas, se sentirán desdichadas por una decisión asesina. Y desdichadas deberían haberse sentido ese montón de mujeres que, en el Parlamente, desbordadas por la alegría de haber conseguido aprobar la Ley del Aborto, se felicitaban y, lo que es más duro… se daban un abrazo por la muerte. |
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Muchos de nosotros, sabemos que últimamente, se ven, colgados de una cadenita, una bolita, adornada de distinta forma, pero todas muy lindas, que si la movemos, algo les suena en su interior y es que, exactamente, dentro, lleva una bolita que hace que, al chocar con la estructura exterior, suene muy suave. Bien, pues me estoy refiriendo a los llamadores de Angeles, que es como se llaman (yo misma tengo uno precioso, regalo de unos amigos) y tengo que reconocer que he regalado ya bastantes, porque me gustan, sencillamente y creo en su utilidad y en su misión. Más de uno, al vérmelo, me ha preguntado que si es un cascabel y es lo que me ha hecho arrancar este artículo. Toda buena metáfora es como un relámpago que enciende, de repente la noche. Pues así me iluminó a mí, hace ya muchos años, un viejo texto de Ortega y Gasset que me gustaría comentar: “Todos, decía, somos (o más bien deberíamos ser, porque algunos se empeñan en no serlo), como el cascabel, criaturas dobles, con una coraza externa que aprisiona un núcleo íntimo, siempre agitado y vivaz. Y es el caso que, como en el cascabel, lo mejor de nosotros está en el son que hace el niño interior que todos llevamos dentro), al dar un brinco para liberarse y chocar con las paredes inexorables de su prisión”. Pienso que ¿quién que esté vivo, no ha experimentado alguna vez, ese desdoblamiento desgarrador de su vida? ¿Quién no conoce ese algo que quiere volarle dentro y ese encadenamiento en el que vivimos…? Las palabras nos atan, el tiempo nos encadena, creemos ser libres, y es nuestra propia condición quien nos maniata… Confieso que a mí, nunca me han preocupado demasiado los condicionamientos exteriores, pues desde fuera, nadie puede quitarnos la libertad. Nos la quita la simple realidad de existir, nos la quita, esa coraza externa que parece rodear y romper nuestros sueños, nuestros deseos, nuestras aspiraciones…. ¿No habéis sentido muchísimas veces que todo se nos queda corto…? Que cuando amamos, escribimos, construímos, pensamos, soñamos… ¿el amor, los libros o cuanto hacemos, no son ni la sombra de los sueños que proyectamos? Me pregunto si somos conscientes de saber y reconocer que en todos los caminos nos quedamos a medias, ó sea, que el cascabel (yo diría el llamador) de nuestras esperanzas y de nuestras ilusiones, se encuentra permanentemente encorsetado en la coraza externa de la realidad. ¿Y qué hacer cuando pensamos en ello…? ¿amargarnos…? Jamás, porque un resentido es alguien a quien el llamador ó el cascabel, se le ha convertido, todo él, en coraza. Se les ha endurecido lo que tenían de niños, de ilusión, incluso ese núcleo íntimo, siempre agitado y vivaz. No se puede cambiar esa bolita interior, ese núcleo, ni por la ambición, ni por el poder, porque ya no sonarán nunca, se habrán vuelto secos y estériles. Los llamadores que siguen sonando, son los que hacen que su alma de niños, continúen terca, golpeándose con la realidad, chocando con las paredes inexorables del tiempo, de nuestra prisión, a pesar de todos los contratiempos. Esa es nuestra verdadera música, la vida despierta. Un verdadero creador de su obra o de su vida personal, es alguien permanentemente insatisfecho. Alguien que cada día lanza su alma a la aventura, que no teme a los choques, que se mantiene inexorablemente adolescente, que nunca se considera concluido y que vive en un perpetuo redescubrimiento de su vida. Los cínicos, los pasotas, los amargados, creo que hipotéticamente, se mueren en plena juventud, pues su campana, esa bolita interior del llamador de ángeles ó el cascabel, no suena y más que un cascabel si así le quieren llamar algunos, se convierte en un cencerro. No permitamos ésto, que nuestro llamador sea como un repique de alegres campanas en nuestra vida. Y todo será tan diferente… |
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Madre, antes de que ya sea tarde, yo necesito saberlo… háblame con la verdad, no respondas con silencio… Dime si fue por amor ese latido primero que estremeció mis entrañas e hizo estremecer tu seno… A aquel hermoso latido, siguió un segundo y un tercero y así, hasta quince semanas, en las que yo iba creciendo, alimentándome con tu sangre, respirando, con tu aliento, acostumbrándome a tu voz, y soñando con tus sueños… Más, no me preguntes, madre, no sabría responderlo, dentro de mi ignorancia, soy todavía tan pequeño, sé que algo no va bien, sé que peligra mi cuerpo, sé que te estorba mi vida y hoy me siento indefenso… pero yo no lo soy, madre, mejor que yo, has de saberlo… yo ya soy un ser humano que estás formando en tu cuerpo, un ser humano completo… Yo quiero, madre nacer, Y conocer la alegría Que daría mi nacimiento y que tus brazos me acunen, probar el sabor de tus besos, y que me cantes tus nanas y que me des tu alimento, el manjar más exquisito: la leche que manan tus pechos… yo quiero conocer la vida, no me prives, madre, de eso, que quiero, igual que tú, contemplar el azul del cielo, y las formas de las nubes y los silbidos del viento, el rugir de las tormentas… debe ser todo tan bello… el brillar de las estrellas… Pero, sobre todo, anhelo con todas, todas mis fuerzas, contemplar tu rostro bello, rozar tus lindas mejillas, mirarme en tus ojos negros, y jugar con mis deditos con los rizos de tu pelo… Más nada de esto será… ¿por qué…? ¿por qué yo pienso no tendré oportunidad de ser médico, ingeniero, sacerdote o electricista, ni siquiera carpintero…? ¿Es que el mundo no me quiere o acaso yo no lo merezco…? Aunque sería horrible llegar y habitar un universo donde no importa la vida de un ser que sólo vive de sueños y donde los altos mandos, si así llaman al gobierno, apoyan leyes asesinas y pueden vivir contentos A ellos, yo no les quiero juzgar pero, por supuesto, les condeno…. pero a ti, madre, que me has engendrado… no te quiero condenar, pero es que yo no te comprendo… sin un trozo de tu entraña ¿podrás seguir viviendo luego…? |
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Madre, antes de que ya sea tarde, yo necesito saberlo… háblame con la verdad, no respondas con silencio… Díme si fué por amor ese latido primero que estremeció mis entrañas e hizo estremecer tu seno… A aquel hermoso latido, siguió un segundo y un tercero y asi, hasta quince semanas, en las que yo iba creciendo, alimentándome con tu sangre, respirando, con tu aliento, acostumbrándome a tu voz, y soñando con tus sueños… Más, no me preguntes, madre, no sabría responderlo, dentro de mi ignorancia, soy todavía tan pequeño, sé que algo no va bien, sé que peligra mi cuerpo, sé que te estorba mi vida y hoy me siento indefenso… pero yo no lo soy, madre, mejor que yo, has de saberlo… yo ya soy un ser humano que estás formando en tu cuerpo, un ser humano completo… Yo quiero, madre nacer, Y conocer la alegría Que daría mi nacimiento y que tus brazos me acunen, probar el sabor de tus besos, y que me cantes tus nanas y que me des tu alimento, el manjar más exquisito: la leche que manan tus pechos… yo quiero conocer la vida, no me prives, madre, de eso, que quiero, igual que tú, contemplar el azul del cielo, y las formas de las nubes y los silbidos del viento, el rugir de las tormentas… debe ser todo tan bello… el brillar de las estrellas… Pero, sobre todo, anhelo con todas, todas mis fuerzas, contemplar tu rostro bello, rozar tus lindas mejillas, mirarme en tus ojos negros, y jugar con mis deditos con los rizos de tu pelo… Más nada de esto será… ¿por qué…? ¿por qué yo pienso no tendré oportunidad de ser médico, ingeniero, sacerdote o electricista, ni siquiera carpintero…? ¿Es que el mundo no me quiere o acaso yo no lo merezco…? Aunque sería horrible llegar y habitar un universo donde no importa la vida de un ser que sólo vive de sueños y donde los altos mandos, si así llaman al gobierno, apoyan leyes asesinas y pueden vivir contentos A ellos, yo no les quiero juzgar pero, por supuesto, les condeno…. pero a ti, madre, que me has engendrado… no te quiero condenar, pero es que yo no te comprendo… sin un trozo de tu entraña ¿podrás seguir viviendo luego…? |
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Como cada año, uno de los más bellos alicientes de la primavera, concretamente en los meses de Abril y Mayo, son esos niños, vestidos bien de marineritos, de almirantes, ó sencillamente con sus blusitas blancas y pantalones azules y a esas niñas, preciosas, que si las vemos solas, se asemejan a una linda paloma y si van en grupito, nos parecen un hermoso ramillete de azahar… con sus vestidos blancos, lo mismo que sus zapatitos, el adorno de sus cabellos… Pero lo que más admiro en ellos, es el candor de sus caritas, la inocencia aún intacta que se asoma al balcón de sus ojos… La felicidad les inunda… Saben que es un día grande, un día muy especial, el día más importante, hasta hora, en sus aún cortas vidas. Durante dos años, la buena labor de las catequistas, se han encargado en prepararles el camino para llegar a este día, para que sepan qué es lo que van a vivir y lo que van a recibir… Para que se acerquen convencidas al mejor banquete de la vida… Es el día de su PRIMERA COMUNION y en esa Eucaristía, tendrán el primer encuentro con la Gracia de Dios. En los distintos comentarios que he tenido ocasión de tener sobre esta celebración, he escuchado de todo y bastantes de ellos, se basaban en la forma de festejar la familia este acto, al que muchos les parece un poco desbordado por el banquete, los regalos, detalles, etc… Bueno, a mí, particularmente, no los encuentro tan fuera de lugar, teniendo en cuenta el que cuando el hijo, la hija, recibe por primera vez a Jesús, hecho Eucaristía, es un hecho tan importante que bien merece festejarlo… ¿No se festeja con toda clase de lujo, una boda, que últimamente no son como las de antes, que duraban toda la vida, sino que puede que a los tres, cuatro o quién sabe cuánto tiempo puede tardar en venir la separación…? ¿Por qué no se va a festejar una Primera Comunión que sabemos que Jesús es el amigo que nunca falla y que siempre nos acompañará…? Lógicamente hay límites que cada familia sabe y conoce hasta dónde entran en la normalidad y en la extravagancia. Y en cuanto a que Jesús es el buen amigo que nunca falla, que nunca engaña, que siempre nos acompañará, va a depender y mucho, no tanto de esos dos años de catequesis en los que tanto se ha trabajado y tanto empeño se ha puesto en formar a esos pequeños, sino en esa otra catequesis que en adelante les corresponde a los padres en casa con su ejemplo, con sus vivencias… Ellos son el espejo donde se miran sus hijos y la imagen que ellos reflejen será la que marque la vida de esos brotes tiernos, llenos de ilusiones y de ardientes deseos. Pues me entristece contemplar como, año tras año y esto es duro de decir, compruebo que, en las Eucaristías celebradas en esos dos años anteriores de Catequesis, a los niños, les acompañan, los padres, los abuelos, los hermanos, pendientes de que el Sacerdote, en la Homilía, llame a varios de ellos y les pregunte algunas cosas y claro, los mayores, embobados por escuchar a sus niños, pero, amigos, una vez que pasa la Primera Comunión… ¡qué pena…! Con los dedos de la mano, puedo contar las familias que continúan asistiendo los Domingos a participar en la Eucaristía… Así… cuando pasa algún tiempo… ¿a estos niños ¿qué les queda…? Os dejo la respuesta. Este año, he tenido la alegría de que otra de mis nietas, se ha acercado por primera vez a recibir el Sacramento de la Eucaristía y he querido que, como recuerdo de este hermoso día, guarde para siempre algo que le dediqué, en la esperanza de que, de vez en cuando, lo lea y renueve la ilusión de su gran día… PARA MARIA EN SU PRIMERA COMUNION M A R I A… Piensa un poquito, mi niña, pìensa un poquito y contesta, cuando se desperezaba el albaque tú ya estarías despierta porque no podías dormir de nerviosa y de contenta, ¿no notaste en el ambiente de esta amanecida nueva, algo especial, diferente que la vestía de fiesta…? |
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Tenemos siempre el peligro de aguar nuestros mejores valores, es decir, de que perdamos parte de su significado, como la sal y la luz. Y nos pueden pasar factura nuestra falta de coherencia, nuestra falta de entrega o que no nos tomemos en serio lo más radical e importante que tenemos, como es nuestra serenidad interior, a no ser, que lo vivamos todo desde el amor y el servicio a nuestros hermanos, a cuantos nos rodean. Pues cuando no se ama, cuando no nos importa nada ni nadie, es mucho daño el que hacemos, convirtiendo todo en un mercado, donde podemos comprar y vender, incluso negociando con las cosas de Dios. Sólo la llamada profunda a dejar que sea nuestra autenticidad, la referencia de nuestra vida y la caridad que nos impulse a entregarnos sin medida a los que sufren, harían que nuestra vida tenga el sello de autenticidad con nosotros mismos. Lo más grave de nuestra vida, es pensar y vivir como si la misma ya no tuviese solución. Es necesario recuperar la convicción de que todo lo podemos, si arrojamos de nuestro corazón, todo aquello que anida en nosotros y que nos impide crecer en el verdadero amor que es el que se nos pide y al que nos debemos. Se nos acercan a pasos agigantados, los días de una Semana que, para los cristianos que no nos avergonzamos de serlo y de pregonarlo, incluso, cuando es necesario, es un acicate perfecto para nuestro enriquecimiento interior, como es la Semana Santa. Me martillea siempre en mi mente aquella frase que quedó en la historia, de :”!Soltad a Barrabás!” Y es que pienso que ya llevamos muchos años, como si viéramos pintadas en las paredes de nuestras ciudades, esa misma frase. Porque en nuestro tiempo, la fuerza y la violencia se han adueñado ya de los corazones y aspiran a terminar por apoderarse del mundo. Y Barrabás, con distintos nombres de derecha o de izquierda, de golpismo o terrorismo, sigue teniendo miles de seguidores que lo prefieren a todos los pacíficos. Y es que aquel lejano Viernes Santo, no puede faltar en el enfrentamiento entre el bien y el mal, un choque frontal entre pacifismo y violencia. Creo que durante siglos, se nos ha ofrecido a los cristianos, una visión excesivamente despolitizada del tiempo y la tierra en que vivió Cristo. Con el afán de separar a Cristo de las fuerzas políticas, se le situaba en una especie de babia terrestre, con más azúcar que realidad. Ya, hoy día, los investigadores dibujan el tiempo y la tierra de Jesús en un tenso clima revolucionario, que parece acercarse más a lo que creíamos. La Palestina en que vivió Jesús, no era por ejemplo la Israel de hoy, pero tampoco se reducía a lirios del campo. No olvidemos que era una tierra oprimida por un invasor. Era un pueblo orgulloso, poseído de su grandeza y de su destino, que vivía bajo la opresión de Roma y que no cesaba de forcejear contra ella. Jesús aparece en la historia en medio de toda una cadena de estallidos de rebeldía. Y era precisamente Galilea, la tierra madre de revoltosos, hambrientos de libertad. Tengamos en cuenta que los montes que rodeaban el lago de Genezareth y sus pueblos limítrofes, estaban llenos de celotes eran cuna de cientos de guerrilleros, eran hombres poseídos de la conciencia de que su pueblo era el elegido (hoy le pondríamos nombre de algún partido político) y siempre dispuestos a defender la libertad con la violencia si era imprescindible. Por eso, que Jesús, predicando el reino de Dios, suscitase esperanzas entre todos estos grupos, era inevitable y que muchos lo interpretaran como un liberador temporal, era simplemente lógico. Los judíos del tiempo de Jesús, querían ante todo su libertad como pueblo y sabían muy bien que, en este mundo, no es el amor el que construye los imperios. Al preferir la ley de la fuerza, no hacían una cosa muy diferente de la que hoy hacemos las personas de todos los países. Por eso, muchos, siguieron a Jesús, mientras vieron en él una palanca contra el invasor… Pero pronto se desilusionaron ante unos discursos que hablaban de poner la otra mejilla. Hubieran preferido que Jesús hubiese sido un “realista político” y se encontraban simplemente, con alguien que creía en la verdad. No hablaba de estructuras, tenía paciencia ante el mal, no incitaba a la resignación, pero prefería morir a sacar la espada de la vaina. Para la mayoría de los hombres, el triunfo humano queda por encima de sus fuerzas. Para Jesús, ese triunfo quedaba muy por debajo de sus ambiciones y deseos. El quería la libertad, pero no la limitaba a sacudirse de encima a los romanos. Hoy día, me impresiona comprobar cuántos seguidores tiene Barrabás, incluso en la Iglesia contemporánea. Durante muchos años de mi vida, he compartido con muchos amigos míos el esforzado combate por la paz… ¿cómo no asombrarme ahora, al verlos defensores de tantas formas de violencia, simplemente porque ha cambiado el signo de sus adversarios…? Hace bastantes años, se partía del Evangelio para construír la teoría de la no violencia activa y hoy, parten muchos de ese mismo Evangelio, para escribir la teología de la revolución armada. Y pienso… ¿se darán cuenta de que al pasar de la lucha por la paz a la violencia sangrienta, en cualquier ámbito, se está prefiriendo una vez más, a Barrabás y, con ello, condenando de nuevo a Cristo…? Aquel Viernes Santo, Barrabás partió hacia las montañas para capitanear un grupo de “libertadores” y Jesús, “sólo” subió a la cruz. Pero todos sabemos que el “brillante radicalismo” de aquellos celotes, llevó a muertes y más muertes, mientras que la aparente ineficacia de la muerte de Jesús, aún sigue siendo un volcán de amor para cuantos quieran zambullirse en su lava salvadora. Dentro de pocos días, nuestras calles contemplarán, un año más, todo el paisaje pasionista y me asusta pensar en esa teología que nos hemos inventado de que los cristianos debemos ser “moderados”, que hay que poner agua al vino de la muerte de Cristo, no vaya a subírsenos a la cabeza. El amor “loco” que llevó a Jesús hasta la cruz, no podemos mediocrizarlo, endulzarlo, suavizarlo, acaramelarlo, empequeñecerlo, falsificarlo ni hacerlo digerible, cada Semana Santa, para que no nos asuste demasiado. Ningún momento mejor, dadas las circunstancias que estamos padeciendo y soportando, para enfrentarnos a la hermosa realidad Redentora con nuestros propios testimonios y… ¡basta ya de agregar a la Pasión, toneladas de crema y sentimentalismo… Alegrémonos de la entrega más hermosa que un ser humano puede regalarnos, mientras ya nos envuelve el maravilloso perfume de una Pascua que nos abre de par en par las puertas de la esperanza. |
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Comento bastantes veces que considero una suerte pasar muchos ratos con jóvenes, siempre insisto en que tenemos una juventud maravillosa, que van caminando por buenos caminos para convertirse en los adultos que nuestra sociedad está pidiendo a voces. ¿Que una parte de nuestra juventud, es criticada porque en las “botellonas” pierden el control, porque desde unos escasos 13 ó 14 años, se adentran en la vereda del alcohol y algunas “otras cosas”, porque tienen actitudes poco cívicas que, incluso generan lo que llamamos vandalismo…? Cierto. Pero, teniendo en cuenta el número de jóvenes, en nuestra ciudad, por ejemplo, vemos que es minoría frente a esa juventud, por la que yo enarbolo la bandera de la esperanza. Lo que pasa, es que, insisto, el mal es mucho más ruidoso que el bien, pues el bien pisa con zapatos de terciopelo. Se da la circunstancia, con mucha frecuencia, que muchos de estos jóvenes, me muestran escritos suyos, pues se sienten atraídos por las letras, para que les eche un vistazo y les dé mi parecer y tengo que admitir que muchos de ellos, prometen, pero siempre acostumbro a darles el mismo consejo, pues en el brillo de sus ojos y en el entusiasmo con que me hablan, entreveo un afán de tocar, de un día para otro, las estrellas. Es como si mendigaran elogios, sueñan triunfos, ansían aplausos y fama, pero con prisas, no quieren que el laurel se les retrase. Y, vaya, lo diré sin rodeos, pues no conozco cosa más peligrosa que esa moral del éxito que se ha impuesto en nuestra sociedad y según la cual, el nivel de vida, se mide por el triunfo externo conseguido. Estoy aludiendo al peligro de poner como objetivos centrales de la vida, el brillo, la apariencia, ese viento vacío de la popularidad o la fama. Sé que tal vez, a veces, a estos muchachos, mis palabras puedan desconcertarles. Pues mi consejo es que, si escriben para triunfar, mejor es que no escriban. Que escriban sólo si lo hacen porque les estalla lo que tienen dentro. Lo malo es que yo sé que algunos de estos jóvenes no me comprenden. En realidad, hace falta haber cumplido muchos años, para descubrir que ese tipo de triunfos no pueden llenar a un alma, medianamente noble. Es un vino demasiado agradable y tiene demasiados cómplices, como la vanidad, la adulación, la ambición, para que se convierta en sed, incluso de las almas mejores. Y es que el verdadero objetivo de la vida, no puede estar en algo tan pasajero como la opinión ajena, el brillo o los aplausos. Porque en realidad, es demasiado evidente que no siempre triunfan ni brillan los mejores, ni los más listos, ni quienes más lo merecían, sino que son muchas y diferentes las carambolas que conducen al éxito o al fracaso. Recuerdo una frase de Pío Baroja que decía: “el éxito rápido solo puede conseguirse adulando al público o mintiendo”. Es muy probable, aunque puede que, a veces, el tiempo, haga justicia a la calidad. Aunque todo ésto del éxito puede tener algo de peliagudo y es que, la sombra del laurel (como temían los antiguos griegos), no nos embriague o adormezca. Pero vamos a ver… ¡qué pueden significar todos los aplausos del mundo frente a la alegría de estar luchando por algo que nos llena y saber que uno está haciendo una tarea que le multiplica el alma…? Ese es el comentario que suelo hacerles a quienes me muestran sus poemas, sus escritos y esperan mi modesta opinión y siempre termino diciéndoles que sus ilusiones me alegran la vida, porque nada hay más bello que encontrarse con una juventud que está ardiendo, pero que sepan que algunas llamas, pueden ser, a veces, devoradoras y destructoras. |
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Siempre pienso que una de las virtudes-defectos que más miedo me producen, es el perfeccionismo. Lógicamente es una virtud porque, evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas, pero es también un defecto, porque no se cuenta con la realidad y es que la perfección no existe en este mundo, que los fracasos son parte de toda vida y todos nos equivocamos no pocas veces. Conozco a muchos perfeccionistas y, de verdad que son gente estupenda. Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer las cosas que emprenden, incluso magníficamente. Pero, a mi parecer, estas son personas que viven tensas, pueden incluso volverse demasiado exigentes con quienes no son como ellos. Y además, sufren mucho cuando llega la realidad con la rebaja y comprueban que muchas de sus intenciones se quedan a mitad del camino. Es por lo que me parece buena medida, enseñar a nuestros hijos a equivocarse, porque el error, el fallo, es parte inevitable en nuestra condición humana. Hagamos lo que hagamos, siempre habrá coeficientes de error en nuestras obras. Es por lo que en las personas, siempre me ha interesado más el saber cómo se reponen de los fallos que el número de fallos que cometen, pues el arte más difícil no es el de no caer nunca, sino el de saber levantarse y seguir luchando. No existen personas que nunca hayan roto un plato, ni ha nacido el genio que no fracase en algo. Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de sus errores y otra gente que, de sus errores, sólo saca amargura y pesimismo. Todos sabemos que no hay vida sin problemas, pero sí sabemos que hay capacidad para superarlos. Repito mucho que no vale la pena llorar por un plato roto, pues se compra otro y ya está… Lo malo es cuando se daña un corazón, pues de éstos, no hay recambios en los mercados. Nos guste o no, tenemos que asumir esta realidad, de lo contrario, sería como vivir en un continuo éxtasis, sin querer ver con nuestros propios ojos, lo bueno y lo regular que nos rodea. Todo ésto, me hace pensar sobre todo en los padres, que quieren siempre encontrar en sus hijos los mejores valores, para los que ellos tanto lucharon en inculcarles. Y me trae al pensamiento, una escena en la que Saint-Exupéry, describe el despertar de un soldado en guerra. El joven sargento, encerrado en las olas de sus sueños, había conseguido olvidarse, mientras dormía, de los disparos y de las bombas y soñaba, encerrado en los recuerdos de sus horas felices, pero de pronto, suena cruel la trompeta que le obliga a despertarse y él no quiere despertar… Pero la trompeta sigue sonando y, aunque él sigue haciendo un esfuerzo para volver a enroscarse en sus sueños felices, en los que cree que tiene aún derecho a creerse feliz, la dichosa trompeta sigue sonando y lo devuelve, inexorable, a la injusticia de los hombres, de la vida y de la guerra. Creo que todos hemos vivido esta experiencia y hemos sentido la tentación de refugiarnos en nuestros mejores recuerdos, que es lo que yo llamo “subirnos al éxtasis” y quedarnos en ese mundo en el que creíamos que no existía la mentira, la frialdad… Pero el tiempo pasa y si uno se encierra en ese éxtasis, no vive. La realidad, la trompeta de la realidad, nos obliga a salir del dulce sueño y entrar en lo que, seguramente, no nos gusta. ¿Pero cómo entrar en esa realidad…? Muy fácil, empezando a vivir descarada y valientemente, pensando que tenemos dos piernas para poder saltar el muro que se nos ponga por delante e intentar no congelarnos por miedo al sufrimiento, a las preocupaciones, a los problemas y a la acción. Es la mejor manera que tenemos de salir del éxtasis y atrevernos a vivir. No olvidemos que la vida, tal vez sea dura, pero es lo más hermoso que tenemos. |
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En el primer programa que Televisión Española, emitió con las 100 preguntas al Presidente, pudieron hacerse y, de hecho se hicieron preguntas que podrían ser interesantes, aunque me reservo la opinión a las respuestas, más o menos acertadas a las mismas, pero sin embargo, lo que les quedó a todos los ciudadanos españoles grabado, fué lo del precio de un café y como anécdota, creo que aún queda flotando en el ambiente, que un Sr. Presidente, no estuviese enterado de algo tan, al parecer, tan corriente, porque ¿quién no se toma al día tres o cuatro cafés…? Pues dejando atrás aquélla intervención, en este segundo programa de las 100 preguntas, en el que, en mi opinión, más que respuestas, a cada pregunta se intentaba dar un “minimitin”, aparte de que a cada pregunta, escuchábamos casi las mismas respuestas…: “Tenemos que hacer un esfuerzo entre todos…” , pienso que la mayor atención de los que seguimos el programa, se centró en esa chica, Izaskun, que llevaba pero que muy bien preparada su pregunta, incluso con datos estadísticos. Esta chica, que padece Síndrome de Down, con una serenidad pasmosa, se le plantó al Presidente, reinvidicando unos derechos en cuanto al porcentaje al que podían tener acceso en el mundo laboral y concretamente, en La Moncloa. La respuesta fué tan esperanzadora, que Izaskun hasta se atrevió a decirle que le daría su currículum, que se había encargado de llevar preparado. Y así, esta chica que se gana la vida preparando bonitas cajas de bombones, en la calle Serrano, de Madrid, seguro que esa noche no pudo conciliar el sueño, viéndose ya prestando sus servicios junto al Presidente, pero… ¿verá cumplido su sueño Izaskun…? ¿No se quedará el sí que se le dio como otros desmentidos que escuchamos…? Pues resulta que el Presidente respondía a las preguntas, diciendo que no engañó, que no sabía, que no tenía la culpa, que no había dado dinero a los bancos, que no se vendían armas a Israel (tal vez esas armas no pueden hacer daño ó en todo caso, muy poquito), que no quiso ofender a la bandera americana… Pues esperemos que esta chica con síndrome de Down, que creyó la respuesta (porque se la creyó), pueda disfrutar de ese puesto de trabajo que ella solita, con su arrojo y valentía se ha “currado”. Esta intervención de Izaskun, es la que más ha calado en todos. Y es que Izaskun y es a lo que quiero llegar, ha demostrado con creces, que es cierta la frase de Beaudelaire, uno de los poetas más aparentemente instintivos, cuando dijo: “La inspiración, señora, es trabajar todos los días” y también las palabras de Beethoven: “El genio se compone de un dos por ciento de talento y un noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación”. Quiero con ésto, llevar un mensaje de alegría y esperanza a todos esos padres que tienen hijos como Izaskun, pues estos niños son un cúmulo de dulzura, de bondad, de amor a los demás y que reparten felicidad a su alrededor, pero además de todo esto, ha quedado demostrado la hermosa caldera de inteligencia y sensibilidad que guardan en su interior. Y ha quedado demostrado que quien se empeña en llevar su vida, sacándole todo el jugo que ella tiene, sólo ha de querer hacerlo y no cejar en el empeño... Ella es un ejemplo palpable de lo que puede alcanzarse con una buena dosis de coraje, de tener sueños y luchar por ellos hasta conseguirlos y de proponerse que, cada mañana, al despertar, hay que coger la bandera de la esperanza y enarbolarla con ilusión. Soy consciente de que hay diferencias de talento, cierto, pero desde un talento medio, puede subirse a una obra, a una montaña enorme… ¿Se lo preguntamos a Izaskun…? |
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Me parece que, aunque llevo muchos días intentando tocar este tema y que por provocarme un gran dolor, lo he ido soslayando, hoy es el momento de “coger al toro por los cuernos”, y opinar sobre el conflicto bélico que parece no tener fin, entre palestinos e israelitas. Creo que el “chupinazo” de salida, me lo dió la última declaración de ese “mal bicho”, como es Osama bin Laden, en la grabación de 22 minutos, que emitió llamando a la guerra santa, para terminar con la ofensiva israelí en la franja de Gaza. Pero, vamos a ver… ¿a una guerra se la puede llamar “santa”…? No hay disparate mayor. ¿Cómo se le puede llamar santa a una guerra, cuando todos conocemos la barbarie que conlleva y las consecuencias tan desastrosas? Esta guerra que comenzó teniendo un sentido ideológico, un sentido religioso (otro disparate), queriendo Hamás enarbolar la bandera de Alá sobre cada trocito de Palestina, no tardó en convertirse en politizarse e hizo descarrilar el proceso de paz de Oslo entre Israel y la OLP. Siempre digo que las cosas que más duelen, son las que no se entienden, pues cuando entiendes el dolor, se vuelve ya medio dolor. Pero es que este conflicto es de los que no quiere uno que se te entren en la cabeza, pero se te quedan clavados muy dentro, por absurdos. Y absurdas me parecen esas bombas que no paran de estallar… esa metralla que tantas vidas se está cobrando, sobre todo de mujeres y niños, que son los que rompen el alma. Ya sé que es demencial buscarle razones a la locura. Si el terrorismo no fuera ilógico y absurdo, dejaría de ser terrorismo. Pero aún dentro de la locura del terror, hay gestos que son especialmente venenosos. ¿Qué puede empujar a los hombres a destruír…? ¿Qué extraños vericuetos mentales conducen a los seres humanos a una guerra de tal calibre…? Yo, lo reconozco, soy una terca en lo de creer en la bondad humana y quiero obstinadamente, mirar el mundo con optimismo, con alegría, pero… ¿cómo evitar que esa fe en la humanidad se tambalee, ante hechos como al que me estoy refiriendo…? Me gustaría entrar, aunque fuera por unos momentos, en la mente de estos mandatarios bélicos, conocer por qué intrincados caminos mentales, llegaron a esa demencia de la violencia inútil y salvaje. Me gustaría saber cómo fueron sus vidas, entender quién les mutiló a ellos el alma, antes de que ellos intentasen destruír miles de vidas inocentes. De verdad, me gustaría entenderles, no condenarles. Incluso me pregunto a mí misma si yo, habiendo vivido en sus circunstancias, habría sido capaz de incurrir en locuras y maldades semejantes. Ese pozo negro en el que viven ¿fué fabricado por ellos o por la falta de amor que los rodeó…? ¿Es que no fueron queridos por nadie o es que ellos despreciaron, por egoísmo, a cuantos les amaron…? A veces, no entiendo nada. Sé que no puedo juzgar, porque ¿quién conoce los últimos por qué de las cosas…? Sé que, como decía Graham Greene: “si conociéramos el verdadero fondo de todo, tendríamos que tener compasión hasta de las estrellas”. Y como cualquier cristiano. Entiendo que Dios, tiene que ser una infinita misericordia, porque El entiende todo eso que nosotros no entenderemos jamás. Y lo que menos entiendo aún, es que todo ésto, todo este dolor, toda esta tragedia, esté ocurriendo, esté teniendo lugar precisamente, donde hace ya veintiún siglos, fué la cuna de la PAZ. |
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